Cobrar una deuda también requiere estrategia
Una gestión adecuada debe considerar la documentación, la posibilidad real de cobro y la conveniencia de preservar una relación comercial.

Frente a una deuda impaga, la primera reacción suele ser iniciar acciones judiciales. Pero antes de decidir el camino conviene responder tres preguntas.
1. ¿Qué puede probarse?
No alcanza con que la deuda exista: tiene que poder acreditarse. Facturas conformadas, remitos firmados, intercambios escritos y reconocimientos de deuda determinan qué vía es viable y con qué rapidez.
2. ¿Hay posibilidad real de cobro?
Un reclamo contra un deudor sin bienes puede terminar en una sentencia favorable e incobrable, con costos ya asumidos. El análisis de solvencia es parte de la estrategia, no un detalle posterior.
3. ¿Conviene preservar la relación?
Cuando el deudor es un cliente habitual, un plan de pagos documentado puede recuperar el crédito y sostener el vínculo comercial. Cuando no lo es, la intimación temprana suele ser la mejor herramienta.
Reclamar rápido no siempre es reclamar bien: la vía se elige después de analizar.
Conclusión práctica
Una gestión de cobranza ordenada empieza por revisar la documentación y definir la vía adecuada: intimación, acuerdo de pago, mediación o ejecución judicial.
PERATTA | Estrategia Legal & Negocios
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